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Recientemente el mundo se ha percatado de que Haití lleva más de una semana sumergida en un grave conflicto interno, pues sus habitantes se han volcado a las calles para exigir la renuncia de su presidente, Jovenel Moise, acusado en hechos de corrupción, junto a parte importante de su gabinete de Gobierno. 

La nación más empobrecida de toda América viene padeciendo días continuos de hechos violentos que hasta ahora han dejado, al menos, nueve muertos; aun cuando su primer mandatario se ha sumado junto a otros gobiernos a alentar una intervención militar en Venezuela con la excusa de una solapada ayuda humanitaria. 

Los manifestantes haitianos claman porque se tomen urgentes medidas que ayuden a  reducir  la fuerte crisis que atraviesa la isla, debido a la reciente depreciación de su moneda, aunado a las anomalías encontradas en el convenio Petrocaribe, al cual se le aplicó una auditoría que reveló irregularidades entre 2008 y 2016, detectando que 15 altos funcionarios del Gobierno de Moise estarían implicados, además del propio presidente, quien dirigía una empresa que hacía negocios petroleros, justo antes de convertirse en jefe de Estado, en 2017. 

Entretanto, el doble discurso de algunos gobernantes hacen que Venezuela sea el foco de atención política, que busca el derrocamiento del gobierno legítimo de Nicolás Maduro y coloquen en segundo plano las reales necesidades del pueblo haitiano.///jdmc